jueves, 21 de abril de 2011

2+2 son 5













Me gustaría contarte algo
con esta voz de sauce
y verbena celeste:
Sabes que cuando nos conocimos
el enebro era mi alimento
y las golondrinas,
como bombas en el aire,
volaban los lunes
de madrugada
con el espíritu
del cazador
que persigue
la leyenda del lobo eterno
Quiero decirte
que soy un hombre/niño
que juega a perlas
y lame el rugir de los coitos
y saluda en los ascensores
a dictadores y electricistas
Sabes, aunque nunca nadie lo dice,
que el veneno es antídoto
y el antídoto es sangre
que fluye
por el abismo de mis libélulas
que encuentro un día sí
y otro también
No te extrañe que un día
te haga el amor
con un sable bañado
de lluvia diamantina
y los besos acudan
a nuestra boca
como águilas de fuego
recién nacidas
que soportan el miedo
de sus garras de yerba
y sus plumas de mercromina.
Casi siempre te recuerdo en cada noche de vuelo abandonado como una leoparda vampirizada de penicilinas y aguas minerales. No me preguntes por qué te cuento esto, quizá porque esté cerca mi muerte de látigo en cueros o porque vi cómo corría tu vientre a las dríadas dormidas en las nalgas de la luna.
A veces me tumbo
en un crepitar de fuegos
y el sexo de las aguas
me come
con sus vírgulas de hambre
entre la maleza
que habita las lenguas
que hablan en flor, imán y porcelana.
No acepto un
"no te entiendo",
cuando solo te digo que,
probablemente,
no estaremos juntos
para toda la vida,
porque 2+2 son 5
en el cielo
que sostiene
la suela de mis zapatos

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